lunes, 30 de septiembre de 2013

La paradoja de nuestro tiempo

La paradoja de nuestro tiempo es que tenemos edificios más altos y temperamentos más reducidos, carreteras más anchas y puntos de vista más estrechos. Gastamos más pero tenemos menos, compramos más pero disfrutamos menos. Tenemos casas más grandes y familias más chicas, mayores comodidades y menos tiempo. Tenemos más grados académicos pero menos sentido común, mayor conocimiento pero menor capacidad de juicio, más expertos pero más problemas, mejor medicina pero menor bienestar.
Hemos multiplicado nuestras posesiones pero reducido nuestros valores. Hablamos demasiado, amamos poco y odiamos muy frecuentemente. Hemos aprendido a ganarnos la vida, pero no a vivir. Añadimos años a nuestras vidas, no vida a nuestros años. Hemos logrado ir y volver de la luna, pero se nos dificulta cruzar la calle para conocer a un nuevo vecino. Conquistamos el espacio exterior, pero no el interior. Hemos hecho grandes cosas, pero no por ello mejores. Conquistamos el átomo, pero no nuestros prejuicios. Escribimos más pero aprendemos menos. Hemos aprendido a apresurarnos, pero no a esperar. Producimos computadoras que pueden procesar mayor información y difundirla, pero nos comunicamos cada vez menos y menos.
Estos son tiempos de comidas rápidas y digestión lenta, de hombres de gran talla y cortedad de carácter, de enormes ganancias económicas y relaciones humanas superficiales. Son tiempos de viajes rápidos, pañales desechables, moral descartable, acostones de una noche, cuerpos obesos, y píldoras que hacen todo, desde alegrar y apaciguar, hasta matar. Son tiempos en que hay mucho en el escaparate y muy poco en la bodega.

Texto: Fragmento de “Mensaje de George Carlin”

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miércoles, 11 de septiembre de 2013

Como olivos podados

Tras los fracasos, frustraciones y desgracias que en algún momento todos tenemos, siempre nos debería pasar igual que a los olivos después de ser podados, que revitalizan su desarrollo y potencian el crecimiento de nuevos brotes.
El tiempo consigue darnos golpes y nos enfrenta a situaciones, que malogran de una forma u otra, muchas de las ilusiones y los sentimientos que albergamos en nuestro interior. Transformando nuestra vida, las prioridades que nos marcamos y la forma que tenemos de ver las cosas. Consiguiendo también, que luchar por gran parte de los objetivos que anteriormente nos habíamos propuesto, ya no tenga sentido.
Lo ideal sería, que los infortunios fueran un incentivo para continuar luchando con mayor ímpetu, reorientando los esfuerzos en otras direcciones. La experiencia que da lo vivido, y especialmente lo sufrido, nos hace evolucionar y buscar nuevas metas, clarificando lo que realmente queremos y lo que verdaderamente es importante para nosotros.

Texto: Manolo Torres


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jueves, 5 de septiembre de 2013

Instalando vallas y alambradas

Algo fundamental en nuestra vida, es sobrevivir a las adversidades y problemáticas que se nos presentan. La experiencia que dan los años, en cierto modo nos hace más fuertes, articulando mecanismos de defensa que nos vuelven más autosuficientes. Poco a poco, conseguimos acotar y delimitar las zonas y entornos donde nos desenvolvemos, convirtiéndolas en un refugio que proporciona confianza y seguridad. Como si instaláramos vallas y alambradas, alrededor de una propiedad para resguardarla del exterior. Nuestras rutinas diarias, la familia, los amigos, el centro de trabajo, nuestro barrio y el pueblo o la ciudad donde vivimos, son claros ejemplos de ello.
Pero al mismo tiempo, esta actitud de autoprotección, también nos hace establecer obstáculos de comunicación. Creando así, unas barreras invisibles que si crecen y se consolidan demasiado, nos llevan a un cierto grado de desconexión y desconocimiento de la realidad que hay fuera.
Hemos de tener cuidado, porque sin apenas darnos cuenta, la comodidad, la inseguridad y el miedo a traspasar estos límites, pueden situarnos en círculos cada vez más restringidos y encerrarnos en una burbuja que nos aísle profundamente, con una difícil posibilidad de salida.

Texto: Manolo Torres





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