miércoles, 20 de marzo de 2013

Hay personas imprescindibles


Hay personas que no deberían morir nunca. Personas que iluminan todo su alrededor, llenando de contenido las vivencias más intrascendentes y convirtiendo los momentos más sencillos, en instantes irrepetibles, a los que debemos aferrarnos para no olvidarlos nunca. Personas que irradian calor, confianza, amor y entrega, enriqueciendo nuestro interior y haciendo despertar en nosotros, los mejores sentimientos que podemos albergar en nuestro corazón. Personas que hacen suyos los problemas de otros, y los afrontan sin reservas, con sacrificio y de una manera totalmente desinteresada. Personas a las que nadie construirá un monumento, nunca tendrán homenajes multitudinarios, y no aparecerán en los libros de historia, a pesar de haber transformado profundamente la existencia de aquellos que han estado en su entorno.
Sólo cuando las vamos a perder o cuando nos faltan, llegamos a darnos cuenta plenamente de su importancia, y conseguimos valorarlas de manera adecuada, comprobando amargamente que la vida sin ellas no es la misma. Que aunque pase el tiempo, los huecos que dejan son difíciles de llenar, marcándonos con una huella imborrable, que hace que su ausencia nos siga doliendo intensamente. Es también, cuando descubrimos nuestra tremenda soledad sin ellas, confirmando que para nosotros, han sido personas imprescindibles e irremplazables.
Texto: Manolo Torres
(A mi madre, siete años sin ella)




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