sábado, 22 de septiembre de 2012

Solo entre la gente

No hay sensación más deprimente y entristecedora, que el sentirse solo estando rodeado de gente. Sin tener a nadie a quien le importes, que comparta tus problemas, que te comprenda, o que se interese por ti. 
La soledad es un estado que ansiamos cuando nos vemos abrumados y desbordados por los problemas o por la compañía de los demás. O cuando queremos encontrarnos a nosotros mismos para tener nuestras reflexiones y momentos más íntimos y personales. 
Pero es una losa muy difícil de levantar y llevar a cuestas si no se busca, y en especial, si viene por la desaparición y ausencia de nuestras personas más queridas. Sumándose así, a los sentimientos de soledad, el del dolor de una pérdida irreparable, que deja un profundo hueco muy difícil de sobrellevar, especialmente cuando no se dispone de alguien que nos sirva de apoyo.

Texto: Manolo Torres



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domingo, 16 de septiembre de 2012

Cuando visito una ciudad

Cuando visito una ciudad o una localidad que no conozco, me gusta mirar y observar a la gente que reside y circula por sus calles. Su actitud, su forma de ser, y su manera de vivir. Porque esos aspectos, nos dan una visión tan representativa como la de sus edificios, avenidas y parques.
Cada lugar tiene una personalidad propia, que en gran medida, viene definida por las personas que la habitan, por lo que hacen en su vida cotidiana, por los intereses que comparten, por sus problemas, y por la forma en que los afrontan y los solucionan. 
Lamentablemente, la mayoría de nuestros viajes son tipo "espress", rápidos y acelerados. Vemos muchas cosas, nos divertimos mucho y acabamos borrachos de arquitectura, monumentos, obras de arte, fiestas y comidas. Repletos de fotos pero obteniendo una visión superficial e incompleta de donde estamos.
Sólo cuando conseguimos integrar el aspecto humano en nuestra visita, podemos tener una idea más amplia, con impresiones que dejan un mayor impacto y se quedan grabadas en nuestro corazón.
Texto: Manolo Torres






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domingo, 9 de septiembre de 2012

En la parada del autobús

Suele ocurrir, que ante determinadas cuestiones, disfrazamos nuestras incapacidades, inseguridades o cobardías personales, con indiferencia y con falta de interés, adoptando una postura de inhibición. No nos implicamos ni nos preocupamos aparentemente, como esperando que los acontecimientos sucedan solos, como llovidos del cielo. Evitando planteamientos que nos comprometan, y tomando la postura de mirar hacia otra parte sin complicarnos la vida.
Ese es el mismo caso que si al viajar tomamos un autobús en una parada de un sitio extraño, sin saber qué línea cogemos, y a dónde nos lleva. Y con toda la tranquilidad del mundo, no averiguamos nada, viajando despreocupadamente con rumbo desconocido.
Es verdad que nuestra existencia no se puede programar de marera precisa hasta el más mínimo detalle, porque siempre existen factores imprevistos que nos cambian y nos desvían de lo planificado. Y que por mucho que planeemos y estemos pendientes de algo, no siempre sale como queremos, o no nos llena al final como habíamos imaginado. Pero no coger las riendas de lo que nos ocurre, ni preparar lo que nos queda por vivir, aunque sea a grandes rasgos, puede llevarnos a un futuro complicado lleno de frustraciones y de insatisfacciones personales. 

Texto: Manolo Torres




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martes, 4 de septiembre de 2012

Piedras brillantes

Frecuentemente me pregunto ¿en qué medida tenemos una personalidad propia y autónoma?, o estamos a merced del viento que más fuerte nos sopla, dejándonos llevar por el ambiente y el entorno que nos rodea. ¿Actuamos según unos principios?, o nos escudamos en esos principios aparentando mientras nos interesa, olvidándolos en otros momentos. 
Las circunstancias que se nos presentan en la vida y las decisiones que tomamos, no siempre son fáciles y pueden llevarnos a continuas contradicciones, pero con frecuencia acostumbramos a escoger lo fácil en vez de lo correcto, lo que nos beneficia en vez de lo justo, lo que nos gusta en vez de lo conveniente, lo que esperan de nosotros en vez de lo que necesitamos, ... 
Solemos proceder de manera diferente según el momento y el sitio, en función de las personas con las que estamos, presentando mil comportamientos, mil caras o mil apariencias distintas. Es igual que cuando miramos esas piedras brillantes de cristal, que según la luz, los elementos, los colores que reflejan, o el ángulo desde dónde las miramos, se muestran totalmente diferentes.
Texto: Manolo Torres



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