Hay tiempos en los que por muy optimistas que queramos ser, todo nos parece como si lo viéramos en blanco y negro. El pesimismo y la desilusión se están adueñando de todos nosotros. Diariamente nos bombardean con malas noticias, augurios negativos, predicciones desagradables y nos anuncian soluciones que cada vez son más dolorosas. La credibilidad de nuestros dirigentes políticos y económicos está por los suelos, tanto en su capacidad de gestión, como en su condición moral y humana.
Se dice que cada pueblo tiene los gobernantes que se merece. Y posiblemente sea cierto, porque la realidad, es que durante muchos años no hemos sabido ni querido oponernos a las corrupciones y a los fraudes, haciendo la vista gorda y mirando para otro lado como si no ocurriera nada. Instalándonos frecuentemente en la comodidad, el conformismo y la indiferencia para pasar de todo. En la cobardía y en la irresponsabilidad para no dar la cara. O en el clientelismo político incondicional y en las justificaciones e intereses partidistas para no cambiar las cosas.
Pero ya es hora que se produzca una regeneración social que prime valores como la honestidad, la integridad, el compromiso o la actitud de servicio a los demás, por encima de etiquetas y siglas ancladas en el pasado que han quedado vacías de contenido. Valores ejemplarizantes que nos devuelvan la fe perdida en los que nos representan, para así recuperar la confianza en lo que somos y en lo que podemos llegar a ser. Mientras esto no se produzca, no solucionaremos los verdaderos problemas de nuestra sociedad. Y estaremos a merced de oportunistas y de tunantes sin escrúpulos, que impunemente y con muy buenas palabras, nos manipulan y complican nuestras vidas, enturbiando tanto el presente como el futuro.
Texto: Manolo Torres
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