miércoles, 13 de febrero de 2013

Puertas cerradas

Muchas veces, cerramos las puertas a situaciones, a experiencias, o a personas que, de alguna manera, podrían haber cambiado el desarrollo de nuestra vida y que le habrían dado otra perspectiva. Pueden ser ideas preconcebidas, o prejuicios absurdos que se han acumulado con el tiempo, lo que condiciona nuestra forma de ser y de actuar. También puede ocurrir que magnifiquemos el miedo a lo desconocido, el temor a lo inesperado, o el pánico a enfrentarnos con problemas y no poder controlarlos.
Solemos sentir una gran inercia a variar nuestro comportamiento y a explorar opciones diferentes. Somos muy reacios a provocar cambios en lo que hacemos, acomodándonos en lo que dominamos y en lo que nos resulta habitual. Pero la realidad diaria es cambiante y compleja, y suele evolucionar y hacer que nuestras previsiones sean menos precisas y más difíciles de controlar.
Por eso, aunque parezca algo aventurado, hemos de adoptar una actitud personal de renovación permanente con un continuo abrir puertas a nuevas posibilidades, que nos hagan descubrir otros horizontes y mejores caminos. 
De esta manera, puede que el mañana no nos coja desprevenidos y estemos más preparados para afrontar un futuro en condiciones más favorables. Porque el olvidarse de él y no tenerlo en el pensamiento, no evita que finalmente siempre llegue. Quizá es bueno recordar constantemente algunas frases de siempre, que cada día cobran más actualidad, como la de “hay que renovarse o morir” o “el que se para o se estanca, se queda atrás”.
Texto: Manolo Torres




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miércoles, 6 de febrero de 2013

Como en un mercadillo

Viendo los contenidos de ciertos programas de TV encuadrados como "reality shows", sorprende enormemente que las personas podamos degradarnos y caer tan bajo, como para rebajar nuestra dignidad de una manera tan lamentable. Simplemente por dinero y por un afán de protagonismo absurdo, somos capaces de exponer y pregonar a los cuatro vientos, nuestros problemas, intimidades y desgracias, o caer en los comportamientos más indiscretos y soeces. Me imagino que es como estar en un mercadillo callejero, en el que en vez de vender patatas, ropa, pulseras, CDs, u otros productos, se ofrece públicamente al mejor postor, un muestrario completo de nuestras miserias y vergüenzas.
Lo peor de todo, es que estos "programas basura" existen, porque hay una legión de "espectadores basura" que los vemos asiduamente, adentrándonos en la curiosidad malsana y en lo morboso, y elevando unos índices de audiencia, que alimentan a toda una industria de dudosa ética, que de otra manera desaparecería. 
Además de embrutecer nuestra mente y nuestro espíritu, para acallar la conciencia, solemos engañarnos adoptando una actitud no exenta de hipocresía, en la que protestamos y comentamos con resignación que "la tele está hecha un asco", o que "no hay nada que se pueda ver en la TV". Pero el resultado final, es que lo mantenemos encendido sin cambiar de canal, nos enganchamos a estos programas y nos tragamos todo lo que nos ponen.

Texto: Manolo Torres




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