domingo, 27 de mayo de 2012

La enseñanza ...


Cada vez que al final de un curso escolar asisto al Acto de Graduación de mis alumnos, se produce en mí un sentimiento contrapuesto, que es una mezcla de alegría y de tristeza. Alegría, porque terminan su etapa de estudiantes y comienzan una nueva fase en sus vidas, dando así sentido al empeño puesto durante sus estudios. Y tristeza, porque con ellos se va una parte de mí mismo, de mi esfuerzo, de mi tiempo  y de mi voluntad para conseguir que su formación profesional sea la mejor posible y lleguen a ser mejores personas.
En el camino se queda el día a día de trabajo realizado, con ratos agradables, con momentos de insatisfacción y también con una relación personal con todos ellos en la que se busca capacitarlos para que su futura vida laboral y personal sea todo un éxito. 
La enseñanza es una labor muy ingrata que deja mucho descontento a quien la imparte, especialmente porque los resultados sobre su eficacia no se aprecian de manera inmediata, sino a medio y largo plazo, cuando ya no tienes posibilidad de conocer esos resultados. Sin embargo, si pasado cierto tiempo, te enteras o te comentan de los éxitos profesionales de tus antiguos alumnos, o los encuentras y te valoran su etapa en el colegio, se produce un sentimiento de satisfacción personal, que es difícil de igualar con el que obtienes en otras profesiones, porque es cuando te das cuenta que has sido importante en la vida de una persona y que tu trabajo realmente ha sido útil.
Texto: Manolo Torres
(Profesor de Formación Profesional)


Otras entradas anteriores:


1 comentario:

  1. Magnificos retratos de grupo. Me encanta como los has editado.

    Un abrazo, amigo

    ResponderEliminar