lunes, 7 de mayo de 2012

El viejo pastor y su nieto

Conducía por una sinuosa carretera de montaña descendiendo hacia el Valle del Jerte, y paré el coche en un pequeño rellano para recrearme en el paisaje y hacer algunas fotos. En el silencio de aquel lugar, escuché a lo lejos una voz que me llamaba. Era un viejo pastor acompañado por un muchacho y un rebaño de cabras, que me señalaba un estrecho sendero por el que bajar hasta donde estaba él. Un tanto por curiosidad, y otro tanto por no hacerle un desprecio, fui por donde me indicaba. Cuando llegué, me dijo un sitio con mayor visibilidad y una vista más bonita.
Con las ganas de hablar que da el vivir solo en el monte, en un rato, y como si me conociera de toda la vida, me contó su historia. De cómo con pocos años, se puso a guardar animales, de cuando siendo muy joven conoció y se “ennovió” con la que luego sería su mujer, sus experiencias en la “mili”, su boda, sus muchos años de casado y, con lágrimas de emoción en los ojos, cómo enviudó tras una larga y penosa enfermedad. Su única compañía era su perro y las cabras que cuidaba, con los que hablaba frecuentemente y los llamaba por su nombre. Los hijos, los tenía casados en Jerte y en Jaraíz de la Vera, y su nieto se venía a estar con él durante los fines de semana, que era cuando no tenía colegio.
Por más que lo intento, ya no me acuerdo de cómo se llamaba, aunque lo que no he olvidado, es que me impresionó su carácter tan humano y sencillo, la vitalidad que conservaba con sus casi ochenta años y esa sabiduría que desprendían sus palabras, mezcla de experiencia y de madurez interior.

Texto: Manolo Torres



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2 comentarios:

  1. Hace dos años bajé el Puerto de Tornavacas y me pareció impresionante el Valle del Jerte. Me encantó sus paisajes y sus gentes. El Protagonista de tu relato es increiblemente Humano, fiel compañero de la Naturaleza y aislado del mundanal ruido.
    Muy buena entrada y una bella Fotografía.
    Un saludo, Manolo.

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  2. Buena imagen, amigo. Me encanto el relato...

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